"Id,pues,vagabundos sin tregua,errad,funestos y malditos,a lo largo de los abismos y las playas,bajo el ojo cerrado de los paraísos".Paul Verlaine

lunes, 30 de diciembre de 2013

Es domingo por la tarde, uno de esos domingos en los que demandamos a la vida por su total ausencia. Me encontraba en mi estudio.La vida se fue a por tabaco y no regresa. Pensé en la posibilidad de haceros un regalo ahora que el año agoniza y la gente abre sus manos y sus casas para ofrecernos algo. Me puse a pensar y se me ocurrió la idea de improvisar un poema cortito y homenajear a alguien que me acompaña desde hace muchos lustros y es mi faro más brillante, mi isla tranquila en la tormenta.Espero os guste, no es gran cosa, solo unos versos improvisados casi sobre la marcha y una grabación pésima realizada con el teléfono. Ese alguien se merece algo mucho mejor. Algún día le corresponderé como es debido.

Un abrazo a todos/as. Os quiero.




http://youtu.be/f53MmNmJxr0

sábado, 28 de diciembre de 2013

CANCIÓN DE CUNA DEL MISSISSIPPI





Para K. A. Kenner


Cuentan que en las noches sin luna del Mississippi
el viento arrastra un sonido de cuerdas
 como un lamento antiguo que nunca termina...
el viejo caimán ha empeñado sus colmillos
para comprarse un roído chaqué
y pagar dos rondas de bourbon aguado con hielo sucio del Delta


el aire caliente de la noche se pega en las caderas
de las mujeres que repentinas humedecen
emboscadas por el  ronquido salino de las trompetas
que se abrocharon la sordina
para no turbar el sueño negro que se oculta en las bodegas


dueme  amor duerme 
recuerda amor
los lobos no abandonan las montañas
para devorar la rapiña de las ciudades viejas

 duerme mi líquida criatura abandonada en la refriega

 recuerda

 las alimañas buenas no buscan refugio en las casas
que encienden sus luces cuando la niebla se espesa

los hombres de los grandes ríos inventan dioses
para no hablar solos en la noche
las arañas tejen en el bosque la muerte de las moscas
que abandonan, a tientas, el sosiego de las grietas


las cocinas están vacías
el dial de la radio bosteza
 la podredumbre ha gestado nuevas formas de vida
el calor del Mississippi lame los cristales hasta hacerlos sudar
y el agua se arruga cuando los pescadores
venden la piel del caimán a las estatuas


cuentan que en los días sin luna del Mississippi
el viento arrastra olores de mapas polvorientos
 y los poetas negros mueren de sed en los bares
mientras asesinan  con sus manos tres pájaros ciegos


en el Delta
todos los niños atrapan grillos
y los meten en tarros de cristal
y esperan verlos fosforecer 
como  brújulas delirantes
que hundidas en la boca de los meridianos
no detienen el dolor fluvial de estas manos
que trazaron en tu carne todos los itinerarios del hambre.


Fotografía : Irma Haselberger




sábado, 30 de noviembre de 2013

Bajo el paladar de tus gritos ( David Mariné )

Haz astillas la pianola que un día alguien te regaló y te frustró porque nunca aprendiste lo que es la música ni su ecuación de sonidos y silencios. Échala al fuego y calienta tus manos. El crepitar y la fascinación antigua por las llamas y las quemaduras son mucho más reales y urgentes que un puñado de melodías precocinadas por manos impostoras que nunca se jugaron las muñecas haciendo contrabando de miseria en tierra de hambrientos. Cómprate unos zapatos nuevos, busca el arrabal más abandonado de tu ciudad y salta sobre los viejos charcos de la podredumbre sin perder la sonrisa. Desgasta las suelas en el callejón nauseabundo aquel donde la oscuridad le ha dado una paliza a la luz y la prostituye a cambio de un puñado de versos. Siéntate en la silla de mimbre, junto a un desdentado viejo blusero,mientras afina la guitarra y aclara su garganta, escupe con brío y ríe. Mientras tanto, algún suspicaz espabilado te contará, al oído, que esa misma noche, un reputado embaucador interpreta a Liszt en el teatro del pueblo. Y que la gente vestirá con sombreros muy graciosos.
Para entonces, el fuego ya habrá devorado la pianola. El mordisco habrá llegado al hueso. La luz morirá despellejada por la sífilis. Tus zapatos se hicieron confidentes de las aceras donde nunca es domingo y la voz rota del viejo blusero te habrá empozoñado la sangre como la suave mordedura de una serpiente que oyes silbar pero no adivinas a ver...
Aceptas el trato. Riegas el compromiso con un trago de frío escocés con doble de sombra. Las calles son hermosas exhibiendo su brutal desnudez. La poesía es hermosa cuando se le baja los pantalones o la falda y se la acomete sin remilgos, sin la cicuta de los mercaderes...Como este grandísimo poema de David Mariné, a quien llamo hermano,contrabandista...



bajo el paladar de tus gritos

poeta:
agazápate en tu sombra,
en tu hambre,
en la revolución bolchevique de tu sangre.
 
escupe en tu propio suelo,
méate encima,
en la miseria de tus pantalones,
en la miseria de todas las veces que te alejaste,
en la miseria de todas las veces que te resististe a alejarte,
en la miseria de haber nacido hombre,
necio,
mentiroso,
egocéntrico,
pazguato,
tren de carga y noche,
inmundicia de corral,
encía,
combustión
bicarbonato.
 
- espacio publicitario:
 
hoy hacer la revolución
es no llamar a tu madre
esnifar cocaína en bandejas de plata
-transportadas por enanos-
y prender todos los barcos que tiemblan bajo el paladar de tus gritos.
 
bebe poeta
bebe y sigue triste
como tu oficio
como tus orgasmos
como tu familia
como mi triste oficio
como mis tristes orgasmos
como mi triste
 
 
sadomasoquismo
 
y luego cierra los puños,
cierra los ojos,
cierra el cuchillo,
cierra los pájaros,
sobretodo los pájaros,
los putos y cansinos pájaros,
y todos los árboles de este planeta,
y el mecánico que te cobró 130 euros por repararte el coche,
y la chica que no te ha mirado en el metro,
y la cirujana herida que siempre cierra en falso
en la noche de tus disparos.
 
y el poema
sobretodo el poema
cierra el poema
y túmbate en tu lecho áspero
-con la agonía sardónica y prostituida-
enciende un cigarrillo,
haz con las manos sombras chinescas que reflejen tu media lengua,
y échate a temblar,
como exclamación sordomuda 
o héroe ametrallado a bocajarro.
 
poeta,
grito,
borracho.
 
grandísimo hijo de perra
imposible de dominar.
 
David Mariné



http://intemperanciaverbal.blogspot.com.es/2013/11/bajo-el-paladar-de-tus-gritos.html 





miércoles, 13 de noviembre de 2013

Richard Hugo y Bryan Schutmaat


Atardece entre las matas y la piel oxidada de un moribundo pueblo del medio oeste estadounidense. La exigua población que sobrevivió a la debacle industrial de la minería consume el tedio de sus días en la barra de una cantina o al pie de la carretera, clavando su vista, abstraída, en el celaje que se desangra derramándose por los afilados picos de Rock Creek. El tiempo se detuvo y cayó dentro de alguna de aquellas heridas abiertas en la tierra. El tiempo se precipitó hasta atragantarse de tierra seca y hollín. No existe un naufragio más cruel que el de aquellos hombres que quedaron varados en tierra firme con los bolsillos llenos de itinerarios que no saben leer y deambulan, deambulan edificando un puñado de nada, allí donde, hasta los dioses más diminutos, renunciaron a vender sus espejimos más baratos.
El silencio se busca a sí mismo entre tanta desolación y la calma, tan insidiosa, solo es rota por el ruido que hace al caminar un muchacho de ciudad arrastrando un viejo equipo fotográfico.Una cámara analógica de gran formato -únicamente puedes atrapar algunos lugares si el equipo que utilizas es tan obsoleto como el ambiente-. Bryan Schutmaat (Houston,1983) parece sacado de uno de aquellos relatos de Sherwood Anderson donde los personajes, ahítos de inmovilidad, se lanzan a los caminos y atraviesan bosques pacientes, valles sepultados bajo los escombros de la luz y pueblos sin nombre y polvorientos que agonizan entre las fauces de una soledad enorme e inmisericorde.Y es allí donde se concentra el origen de la vida en toda su brutalidad parsimoniosa.
Fue el libro de un poeta - siempre hay un poeta que se interpone entre la realidad y tú -, que golpeó su vientre y le empujó a lanzarse a las poblaciones de Philipsburg y fotografiar, a modo de fotoensayo, todo aquello que encontrase en aquellos parajes baldíos.
El poemario era  "Degrees of Gray in Philipsburg" de un poeta casi inédito en español: Richard Hugo (1923–1982). El poeta se pregunta qué es la vida mientras observa una ciudad moribunda y escucha los sones que entona el infortunio en los ojos de los hombres que han respirado la muerte mineral de la tierra.
El poeta murió antes de que naciese el fotógrafo pero no así la historia, minúscula,de la tragedia que se enreda en los caminos de aquellos villorrios.
Un coche, una cámara, un libro de poemas y una retina clara y rugiente de poderosa voluntad, no hacía falta nada más para retratar la desolación de los hombres varados en pueblos mineros, la quemadura de la vida en las personas que parecen apagarse como se apaga el dolor en las salas de espera cuando el amanecer lame las ventanas.
Profundos ojos encanecidos que observan en el vacío la arquitectura de una tristeza que nadie más percibe.
Un hombre azulado, como su barba, que mira al objetivo sin apartar su mano nudosa de un vaso de cerveza en una barra vacía. Un Medio Oeste que arde en los mapas de América con un coche destartalado que se ha colado en una esquina del encuadre. Un anciano arropado,en su sillón, ojos inciertos y uno no sabe de qué clase de frío se intenta cubrir, si del urgente frío del atardecer o de un fatigado frío, altísimo, que nace de las propias entrañas. La serie de fotografías se extiende sobre un tapete de desolación. Seres deteriorados que parecen olvidados por el tiempo, como si ya no estuviesen pero permaneciesen cautivos en las desiertas imágenes de las cosas que miran. Rostros arrugados como camas deshechas. Miradas levemente osadas que se niegan a perder las cenizas de su orgullo...
"Grays the Mountain Sends" es como bautizó Bryan Schutmaat a toda esa serie de negativos que penetraron en la tierra lacerada y en los rostros de todos aquellos que perdieron la apuesta en una partida que siempre, a lo largo de la historia, ha estado trucada.



Puedes venir aquí en un capricho de domingo.
Digamos que tu vida se vino abajo. Que te dieron el último beso
hace años. Puedes caminar por estas calles
trazadas por un loco, pasar por los hoteles
que ya cerraron, los bares que también, el torturado intento
de los conductores locales por acelerar sus vidas.
Sólo las iglesias se mantienen. La cárcel
cumplió 70 este año. El único preso
sigue encerrado sin saber lo que ha hecho.
El negocio de subsistencia ahora
es la furia. El odio a los distintos grises
que la montaña envía, el odio a la fábrica,
la repelencia a las monedas, a las chicas más deseadas
que cada año se largan de Butte. Un buen
restaurante y algunos bares no pueden combatir el aburrimiento.
El boom de 1907, con ocho minas de plata en funcionamiento,
una pista de baile construida de la nada,
todos los recuerdos se pierden en la mirada,
en la verde panorámica de alimento para el ganado,
en las dos chimeneas sobre la ciudad,
los dos hornos muertos, el colapso de la enorme factoría
hace ya cincuenta años, pero no se derrumba.


¿No es esto la vida? ¿Ese antiguo beso
todavía quemándote los ojos? ¿No es esta la derrota
tan precisa: la campana de la iglesia parece
un anuncio de llamada al que nadie responde?
¿No suenan las casas vacías? ¿Es el magnesio
y el desdén suficiente para mentener en pie a una ciudad,
no sólo Philipsburg, sino ciudades
de rubias imponentes, buen jazz y todo el alcohol
del mundo, que no serás capas de beber
porque el pueblo del que vienes se muere en tu interior?




Niégate. El viejo, veinte años
cuando se construyó la cárcel, todavía se ríe
aunque sus labios se colapsen. Algún día, bien pronto, dice, voy a dormir y no despertar.
Le dices que no, pero estás hablando contigo mismo.
El coche que te trajo aquí todavía funciona.
El dinero con el pagaste la comida,
no importa dónde lo extraigan, es de plata
y la chica que sirve los platos es delgada y su pelo ilumina la pared como una luz roja.

 



Fotografias :  Bryan Schutmaat 
Poema : Richard Hugo

viernes, 1 de noviembre de 2013

(...)

Quisiera ser la sombra chinesca de tus manos para poder contarte la torpe historia de aquel reflejo que moría de sed, cada noche, en la pared de tu dormitorio. ¿A qué refugios luminosos huyen las sombras que, repentinas, descubren que no viven en los pies de nadie? ,que son tan libres como la sala vacía de un teatro solitario. No importa lo rápido que viaje tu mirada entre los pasillos de butacas. La oscuridad es una ventisca que te espera al final de todas las calles. El tiempo es un pulcro cobrador que te despoja de tus últimas monedas mientras te advierte de que no hay lugares inhóspitos. La función está lista para comenzar. Y yo, una noche más, me atraganto de arañas azules que mueren de día. 
Lejos de tu casa, tan lejos que inventé nombres para cada una de las puertas en las que golpeaba con sus nudillos la madrugada. Confundí el rodaje de la película y solo fui la sombra de un gato más que trepaba por las paredes de tu habitación.
 
Tu noche es una luz que nadie prende. 
 

viernes, 18 de octubre de 2013

Paleografía Literaria III

Paleografía Literaria es una metáfora de todos nuestros versos que bostezan en los cajones de los escritorios, de los poemas que no levantaron la vista y palidecen. Mis agradecimientos infinitos a  http://missdesastresnaturales.blogspot.com.es/ por su colaboración e infinita paciencia conmigo.  

La Bodega

Tengo clavado en la nariz
el olor de los ladrillos
la presión en mi mejilla

nostálgicos vasos de cerveza desbravada

tengo clavado en la nariz
tu vientre y mi boca llena

La bodega del bar nos ha podido esta vez...
nos puede hoy
que sin haber acabado aún de convencernos
tú y yo
ya no somo tú-y-yo

Tírame del pelo
que aún es tuyo
y dame la vuelta como entonces

la calle estrecha no va a vernos
mientras me arqueas la espalda
por la fuerza
con las manos

me arrinconas "para que no te vea
el culo el camarero, niña"
y así me violas como hacías a veces
ahí
en tu linda cabecita azul.


                                                                             X
                                                                           X  X



El Fuego Imposible


Ahora que la edad, - o quizá sea este tiempo
tan angosto y nublado, más inflexible-,
 me hizo viejo y reflexivo,
 no me basta masturbarme, solo, en la vigilia,
 para descubrir que es tu cuerpo
 a quien extraño.
 Las camas siempre son las mismas;
centinelas pasivos del aquelarre,
 las sábanas y los cuartos de hotel.
 Todas las luces, el sexo y su salmodia toda.
 Más no los cuerpos, nunca tu pecho.
Sin mucho entusiasmo prosigo, indiferente,
castigando mis genitales
sin convicción alguna,
 en este vaivén achacoso,
 mientras contemplo todas las veces
 que me rompiste la piel.
 Y lo compro como moneda de cambio
 - anverso de fuego remoto e imposible -
 tránsito de una historia
 que se repite en la usura de nadie.

Y existes porque sé desnudarte
ahora que no existes,
 ahora que no me basta masturbarme
 solo en tu vigilia,
en este absurdo simulacro
 que nunca termina.


sábado, 12 de octubre de 2013

miércoles, 2 de octubre de 2013

Camas Vacías

Siempre que transcurre cierto tiempo, un mes o dos, durante el cual me atasco con algunos poemas que se resisten o que chapotean inconclusos en un calmo mar espeso de tinta aceitosa, me gusta hacer una cosa para liberar la presión e intentar desentumecerme la cabeza y así aliviar los bloqueos y divertirme.
Elijo una canción que me gusta mucho,bastante, preferiblemente en inglés u otro idioma que no sea el castellano. La pongo a reproducir en modo repetición; la canción puede sonar durante una hora o más, sin cesar, sin pausa. Me dejo llevar por la música, sin atender a la letra y me concentro en las imágenes que me sugiere. Fusiono la canción con las imágenes e improviso unos versos que a su vez intentarán fusionarse con esa música y las imágenes y darle un sentido en mi cabeza. El asunto es que tomo una canción y le construyo una historia. Y así, libero un poco de la tensión que los poemas inacabados y tercos me causan. Esta vez he usado la canción "Empty Bed" de Tim Kasher y este ha sido el resultado.


sábado, 10 de agosto de 2013

Domingo 23:30 p.m. ( recitado por Lila Biscia )


Nací un domingo en la noche cuando los condenados se cansaron de remar. Justo en ese instante - entre el piano y la niebla - en que a Tom Waits una gota de mercurio le rajó la voz.
Nací un día que los liceos arrojaron a la pira todos los libros escritos en lenguas muertas y las polillas renunciaron a perseguir la luz. 
Los domingos son un viejo casero de manos sucias y aliento de hojarasca que acude a ti para cobrar el diezmo de todo lo que perdiste en la semana.
Perros tristes y diminutos se esconden en todos los callejones de los domingos sin sorpresa
para masticar la carne de las horas - piel muerta - que abandonamos como souvenir en las aceras.
El tiempo se sienta en tu rincón favorito de la casa; bajo la pared acribillada con todas las postales de ciudades europeas. Se bebe cada uno de tus licores. Se viste con tus abrigos, el muy cabrón, y se reclina bajo las postales de tus cuidades-ventanas. Te observa con ojos de oficinista sádico mientras da cuerda a todos los relojes de la estancia. 
Domingo como jinete partiéndose la crisma cayendo de un caballo al galope.
La gente se sienta en las mesas de la cocina las madrugadas de los domingos para susurrarle a las paredes : "No importa.Tranquilo. Solo es temporal". "Un cigarro más y volveré a la cama".Se mienten y esa es la peor mentira. La mentira sin horizontes. Acaso ignoran que siempre será la misma cama incómoda, blanda y con bultos. No importa el hotel, siempre será la misma habitación. No importa cuán veloz sea tu coche ni hasta donde puedas llegar, siempre será el mismo sitio con los mismos vertederos bajo la ventana.
Un viajero se detuvo en un puente y se vació los bolsillos. Los huespedes de un domingo cualquiera permanecen sentados en la estación de autobuses queriendo viajar para mudar de país su tristeza. Eso es todo lo que sé. Los domingos por la noche el universo es un despojo que vende su miseria a cambio de pastillas para liberarse de la migraña.
Nací en domingo debiendo mucho abismo a las bestias que se apresuraron a tasar mi llanto justo antes de nacer.






viernes, 2 de agosto de 2013

Del vacío y sus relojes ( recitado )

Me ha costado algo de trabajo subir este archivo al blog. Hace algunos meses hice algo similar con otro poema recitado, pero se me olvidó el proceso. Este es un poema, antiguo, que encontré en mis libretas.
Espero os guste a pesar de mi pésimo audio y talento para recitar.



miércoles, 31 de julio de 2013

Serte rapiña


 
Pudieras saquearme 
más allá de la muerte
y obsequiar mis ruinas
a tus ojos
mira los rastrojos
que soy de ti
a tu coño
me encomiendo

martes, 30 de julio de 2013

Javier Egea


 Qué enorme era Egea, qué injusta su muerte, cuánto anhelo por leer todo lo que no pudo escribir porque se fue a destiempo, qué extraña orfandad dejó tras su muerte, cuánto mierda y cuánto poeta institucional lucrándose con su pérdida; creando premios, hablando de sus virtudes a la prensa, dando entrevistas,rebuscando en sus cajones...Los cuervos nunca tienen suficiente. Contaba su sobrina, hoy, 14 años después de la desaparición de su tío, que : "yo nunca olvidaré esta tarde, hasta el eco de los sonidos, la temperatura, los olores, la luz, el sonido del teléfono y toda la confusión que vino después".

OTRO ROMANTICISMO

"...las aguas del olvido "
Garcilaso

"Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!"
César Vallejo

Te escribo nuevamente desde una tarde helada
de esas en que nos puede el sentimiento
y la obsesión -ese pingajo de la soledad-
te derriba, te ocupa, sienta plaza en tu cuerpo
y, lo más peligroso, te alumbra, te interroga.

Y ves que los renglones se estrechan,
las letras se amontonan
y comprendes el hueco imposible,
el espacio que nunca compartimos
y este bello recurso de contarte la vida
poblando de historia y de sueños
las hojas tibias del dolor
que tanto me recuerdan tus muslos o tu espalda.
Por ellos navegué durante tanto tiempo,
en ellos aprendí tantas cosas extrañas,
tanto golpe de mar,
que parece imposible olvidarte así, de pronto,
como quien tira la luz por la ventana,
como quien se despuebla de golpe de esperanza.

¿Quién puede responder sin ningún truco
a las preguntas viejas, enquistadas,
hechas parte de ti?

¿Quién cruzará de un salto las aguas del olvido
sin sentir cómo quema en la carne la sorpresa de un día,
las sábanas de un día, los cuerpos ofreciéndose,
las ojeras del gozo al amanecer?

¿No volverá el amor ,
aquel juego con náufragos y cofres,
a sorprendernos con su mano abierta,
a dejar en la playa de un hombro
como alga de plata que reposa
la saliva brillante del deseo?

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

Por eso he de decirte -aunque sea por escrito-
f que está la casa abierta para ti,
que te esperan los libros, el té, mi soledad,
las dudas de las tardes de domingo,
la pequeña verdad
que no se tiene en pie sin tus palabras.

No es posible saber cuando todo enmudece
y la vida se ha vuelto una sórdida esquina
si nos falló el presentimiento
o será que el mercado nos fue tragando
con sus comadres y su algarabía,
que no supimos vernos ni hablarnos
entre anuncios de sopas luminosas,
promesas y altavoces
pregonando los últimos saldos
de la felicidad.

Será que llevaremos inevitablemente
un lenguaje podrido que amarga el paladar
y te pone a escupir en mitad de la urgencia
cuando toda la historia apenas si consiste
en decirnos que sí, que nos amamos.

Y los golpes, tan fuertes, las aguas del olvido,
tan hondas... Yo no sé!

Hay cosas en la vida
que sólo se resuelven junto a un cuerpo que ama.

Y cartas que se escriben
cuando la prisa clava su aguijón
y te deja colgando del alero
y te da por pensar
que es posible que no nos conociéramos
aunque fuimos viviendo el mismo frío,
la misma explotación,
el mismo compromiso de seguir adelante
a pesar del dolor.

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 19 de mayo

Existe una razón para volver.
6 de la madrugada de la calle Lucena
donde los basureros y el sereno
tenían su eterna cita
con


el café con leche y el aguardiente seco,
adonde los borrachos concluían
la noche soñolienta del vino repetido.

19 de mayo. Pensión Fátima
en donde la pregunta del abrazo desnudo
supo al fin el porqué de tanta lucha,
la clave del sudor sobre las sábanas,
y la virginidad redonda, amanecida,
reconoció la llave de su casa madura,
con una verde mano le puso rumbo exacto
y la llevó a su centro
y siempre siempre siempre
nació allí la tormenta del esperado amor
como un racimo.

¿Quién hubiera pensado
que la 3ª planta,
la habitación oscura,
el urinario sucio,
las hojas del diario clavado en la pared
y la maceta artificial,
el plástico
de las flores chillonas,
iban a ser testigos
de aquel incandescente poderío,
de tanta luz sin freno,
de aquella tempestad acribillada?

Después de tantos pájaros
persiste en los teléfonos del aire,
en alta mar aún vive
y es el regreso un tramo de la vida.
Existe una razón
para volver a la ciudad del gozo,
a la pequeña aldea de la pensión barata
y las comadres
raídas en la esquina.

Existe una razón
para aquella manzana de casas apagadas,
para una turbia calle
que fue la geografía de mi primer amor,
el mapa donde tuvo mi gran pasión su cuna.

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Poética

                                                                         A Aurora de Albornoz

                                  Mas se fue desnudando. y yo le sonreía. "
                                                                          Juan Ramón Jiménez



Vino primero frívola -yo niño con ojeras-
y nos puso en los dedos un sueño de esperanza
o alguna perversión: sus velos y su danza
le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.

Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras
porque también manchase su ropa en la tardanza
de luz y libertad: esa tierna venganza
de llevarla por calles y lunas prisioneras.

Luego nos visitaba con extraños abrigos,
mas se fue desnudando, y yo le sonreía
con la sonrisa nueva de la complicidad.

Porque a pesar de todo nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad.
JAVIER EGEA 

 

viernes, 12 de julio de 2013

Sesión Golfa

Esta noche
la pared de tu habitación
emite una película
en blanco y negro
no recomendada para sombras
menores de dieciocho


miércoles, 10 de julio de 2013

NOSOTROS DOS AÚN

Aire del fuego, no supiste jugar.
Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esta opacidad en todas partes? Es la opacidad que cubrió mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto.

Para esperar me hubiera bastado con un hilo de agua. Pero te lo llevaste todo. El sonido que vibra me fue quitado.
No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrible pantano de sangre.

El bienestar reía en su alma. Pero era todo mentira. No fue largo el reír.

Ella estaba en un tren que rodaba hacia el mar. Estaba en un huso que hilaba sobre la roca. Se abalanzaba, aunque inmóvil, hacia la serpiente de fuego que iba a consumirla. Y fue allí, de pronto, cuando sorprendió a la confiada, mientras peinaba sus cabellos, contemplando, en el espejo, su felicidad.

Y cuando vio subir esa llama sobre ella, oh...

Al instante, la copa le fue arrancada. Sus manos ya no han sido nada más. Vio como se la apretaba en un rincón. Se detuvo allí arriba como un enorme tema de meditación por resolver antes que nada. Dos segundos más tarde, dos segundos demasiado tarde, huía hacia la ventana, pidiendo socorro.
Toda la llama entonces la rodeó.

Ella se encuentra ahora en una cama, y su sufrimiento sube hasta el cielo, sin encontrar a Dios... y su sufrimiento desciende hasta el fondo del infierno sin hallar al demonio.

El hospital duerme. La quemadura despierta. Su cuerpo, como un parque abandonado...

Defenestrada de sí misma, busca cómo volver a entrar. El vacío por donde deriva no responde a sus movimientos.

Lentamente, en la granja, su trigo arde.

Ciega, a través de la larga barrera del sufrimiento, durante un mes, remonta el río de la vida, natación atroz.
Paciente, en lo innombrable inflado, vuelve a trazar sus formas elegantes, teje de nuevo la camisa de su piel fina. La curación está allí. Mañana cae la última venda. Mañana...

Aire de la sangre, no supiste jugar. Tampoco tú supiste. Arrojaste súbitamente, estúpidamente, tu tonta piedrecilla obstructora a través de una aurora nueva.

Ella ya no encontró lugar en el tiempo. Le fue preciso volverse hacia la muerte.
Apenas si divisó la ruta. Un segundo abrió el abismo. El siguiente la precipitó en él.

Uno se ha quedado confundido de este lado. No ha habido tiempo para decir hasta luego. No ha habido tiempo para una promesa.
Ella había desaparecido del film de esta tierra.

Lou
Lou
Lou, en el retrovisor de un breve instante
Lou ¿no me ves?
Lou, el destino de estar juntos para siempre
en que tenías tanta fe
¿Y bien?
No vas a ser como las otras que ya nunca más hacen una seña,
sumergidas en el silencio.
No, no debe besarte a ti una muerte para separarte de tu amor.
En la pompa horrible
que te espacia hasta yo no sé qué milésima dilusión
buscas aún, nos buscas lugar
Pero tengo miedo
No hemos tomado bastantes precauciones
Debimos haber sido informados mejor,
Alguien me escribe que tú, mártir, velarás ahora por mí.
¡Oh! Lo dudo.
Cuando toco tu fluido tan delicado, persistente en tu cuarto y tus objetos familiares
/que aprieto en mis manos
este fluido tenue al que sería preciso proteger para siempre
Oh lo dudo, dudo y tengo miedo por ti,
impetuosa y frágil, dispuesta a las catástrofes
Con todo, voy a las oficinas en busca de certificados
dilapidando momentos preciosos
que sería preciso emplear antes que nada entre nosotros precipitadamente
mientras tiritas
esperando en tu maravillosa confianza que yo venga a ayudarte a sacarte de allí, pensando "seguramente
/vendrá
Habrá podido tener algún percance pero no tardará
Vendrá, yo lo conozco
No va a dejarme sola
No es posible
No va a dejar sola a su pobre Lou..."

Yo no conocía mi vida. Mi vida pasaba a través de ti. Se había vuelto simple, ese gran asunto complicado. Se había vuelto simple a pesar del dolor.
Tu fragilidad: yo era fuerte cuando se apoyaba en mí.

Dime, ¿es que verdaderamente no nos encontraremos nunca más?


Lou, hablo una lengua muerta, ahora que ya no te hablo. Tus grandes esfuerzos de liana en mí, lo ves, han logrado su fin. ¿Lo ves al menos? Es cierto, tú jamás dudaste. Se necesitaba un ciego como yo, se necesitaba tiempo, tu larga enfermedad, tu belleza, resurgiendo de la debilidad y de las fiebres, se necesitaba esta claridad en ti, esta fe, para horadar por fin la pared de la apariencia de su autonomía.

Tarde lo vi. Tarde lo supe. Tarde, aprendí "juntos" aquello que no parecía estar en mi destino. Pero no demasiado tarde.
Los años han existido para nosotros, no contra nosotros.

Nuestras sombras respiraban juntas. Bajo nosotros, las aguas del río de los acontecimientos corrían casi en silencio.
Nuestras sombras respiraban juntas, y todo estaba por ellas recubierto.

Tuve frío con tu frío. Bebí sorbos de tu dolor. Nos perdemos en el lago de nuestros intercambios.

Rico de un amor inmerecido, rico que se ignoraba con la inconciencia de los poseedores, he perdido ser amado. Mi fortuna ha quebrado en un día.

Árida, mi vida continúa. Pero no me doy cuenta. Mi cuerpo permanece en tu cuerpo delicioso y en mi pecho hay antenas plumosas que me hacen sufrir con el viento del saqueado. La que ya no está se aleja, y su ausencia devoradora me invade y me consume.

Extraño los días de tu sufrimiento atroz en la cama del hospital, cuando yo llegaba por los corredores nauseabundos, atravesados por gemidos, hasta la momia espesa de tu cuerpo vendado y esperaba emerger de pronto, como el "la" de nuestra alianza, tu voz dulce, musical, contenida, resistiendo con valor la fealdad de la desesperación, cuando, a tu vez, escuchabas mis pasos y murmurabas, libre: "Ah, estás allí".
Yo apoyaba mi mano sobre tu rodilla, por encima del sucio cobertor, y todo desaparecía entonces: el hedor, la horrible indecencia del cuerpo tratado como un barril o como un albañal por seres extraños, atareados y recelosos, todo se deslizaba hacia atrás, dejando que nuestros dos fluidos, a través de los remedios, se encontraran de nuevo, se mezclaran en un aturdimiento del corazón, en el colmo de la amargura, en el colmo de la dulzura.
Las enfermeras, el interno, sonreían; tus ojos llenos de fe apagaban los de los otros.

Aquel que está solo, se vuelve de noche contra la pared para hablarte. Sabe lo que te animaba. Viene de compartir el día. Ha mirado con tus ojos. Ha escuchado con tus oídos. Siempre tiene cosas para ti.

¿No me responderás algún día?

Pero tal vez tu persona se ha vuelto como un aire del tiempo de la nieve, que entra por la ventana, que uno cierra, presa de escalofríos o de un malestar precursor del drama, como me ha ocurrido hace algunas semanas. El frío se echó de pronto sobre mis espaldas, yo me cubrí precipitadamente y me volví cuando eras tú quizás y la más cálida que pudieras darte, esperando ser bien recibida; tú, tan lúcida, no podías expresarte de otra manera. Quién sabe si en este mismo momento no esperas, ansiosa, que yo por fin comprensa, y vaya, lejos de la vida donde ya no estás, a reunirme contigo, pobremente, pobremente, es verdad, sin medios, pero nosotros dos aún, nosotros dos...


sábado, 29 de junio de 2013

XIII

 Lo que me atrapa del poema es la aparición de "ciudad"...Yo divago mucho pensándome en ciudades, imaginándome dentro de ellas y andando a un ritmo que no me es conocido, que me resultaría extraño.Sin embargo, añoro estar en ellas, dentro a la vez que clandestino y furtivo, porque no pertenezco realmente a esas calles y esa geometría. Este poema de Nooteboom habla de dos personas que son extrañas en esa "ciudad" y que también son extrañas la una para la otra, amantes de dos mundos que ni tan siquiera comparten el idioma.Y hacen el amor como una forma de desaparecer en esa ciudad...
Me imagino un encuentro, mudo, entre dos personas exiliadas que follan en una ciudad cualquiera, una ciudad que no han sentido como suya, que no es de nadie, y crean una efímera patria con sus cuerpos que se reafirman como ciudadanos en el sudor de la carne y la irrigación de la sangre.Algo así como sexo entre exiliados que conquistan una ciudad en la que habitaban pero de la cual se sentían ajenos.
A pesar del encuentro amoroso este texto me transmite una desolación brutal,inevitable. Nos aferramos a lo que conocemos. Nos lamentamos por ser incapaces de lanzarnos hacia lo que no conocemos.Miramos el retrovisor y la vida nos hace burla. Nos sentimos seguros en medio de un escenario que dominamos, pero esa seguridad también nos duele, nos pesa y aturde. En este texto se respira una soledad muy sutil, creo, y el sexo entre dos personas solitarias y ajenas a una ciudad también ajena, es el único momento de confirmación,de identidad.
He hecho el amor en esas ciudades ajenas con parejas cómplices, pero eso no vale,la complicidad es un asidero,un arnés de seguridad, un burladero, una ciudad ficticia y confortable.
Hice el amor en ciudades ajenas con una mujer que me resultaba ajena a mí y a la ciudad tanto como yo lo era para ambas.Y es de esa soledad de la que habla este poema, una soledad brutal pero a la que no renunciaríamos.


 " ( de Autorretrato de otro)  XIII

Ha visto en la calle a la mujer y se ha ido con ella. Escalones, una casa humillada. La mujer es joven, el desierto es su origen. Los dos son extraños en la ciudad, lo que los une es el exilio, la exclusión. El deseo es solo el pretexto. Lo demás sigue allí, un rumor entre dos seres. Ella se arrodilla en la cama de forma que él no puede verle la cara, y extiende el brazo hacia la apertura violácea en la que él ha de desaparecer. Apenas hablan, y no en sus propias lenguas. Mujer de paisaje de arena, que sabe contener la sed, conviertes al extranjero en perro o en muerto, guardas para ti tu rostro y estás ciega al suyo. De todas las formas de amor, aquel entre desconocidos es el más enigmático y el más convincente. Se restituyen mutuamente a la ciudad en la que han de desaparecer.

Cees Nooteboom. "


jueves, 20 de junio de 2013

RESPUESTAS

 
¿Por qué viajaste?
Porque la casa estaba fría.
¿Por qué viajaste?
Porque lo he hecho siempre, desde el anochecer hasta 
la llegada del alba.
¿Qué llevabas puesto?
Llevé un traje azul, una camisa blanca, una corbata amarilla y calcetines amarillos.
¿Qué llevabas puesto?
No llevé nada. Una bufanda de dolor me mantuvo abrigado.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí con una mujer distinta cada noche.
¿Con quiénes dormiste?
Dormí solo. Siempre he dormido solo.
¿Por qué me mentiste?
Siempre pensé que decía la verdad.
¿Por qué me mentiste?
Porque la verdad miente más que cualquier otra cosa y yo amo la verdad.
¿Por qué te vas?
Porque ya nada significa mucho para mí.
¿Por qué te vas?
No lo sé. Nunca lo he sabido.
¿Cuánto tiempo debería esperarte?
No me esperes. Estoy cansado y quiero recostarme.
¿Estás cansado y quieres recostarte?
Sí, estoy cansado y quieroecharme a descansar.

MARK STRAND